20182260101

Katherin Pinto Valero



El que no tiene memoria, se hace una de papel
Katherin Pinto Valero
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Todavía recuerdo muy bien ese día que íbamos cogidas de la mano, ella iba con un saco negro, labial oscuro y conmigo a  su lado, en ese momento sabía que me amaba y no importaba nada más en la vida, me bastaba con su amor, caminábamos por el parque, y estaba ya noche, estábamos riendo y me abrazaba fuerte, me amaba, me amaba tanto y no me hacía falta nada, juro que es una de las cosas más bonitas que pueda recordar, era ella, la mujer que más amo en el mundo, era mi madre. Soy la cuarta de 5 hijos y "la rebelde de la familia" ella me cuenta que cuando estaba embarazada de mí los dolores eran muy frecuentes y fue el parto que más sufrió, así es, desde antes de nacer ya le estaba dando problemas, pero a ella nada le queda grande. Ella no es de las que le sonríe a todo el mundo, anda seria, con su mirada imponente, siempre con la espalda recta y con las cosas claras en la vida, su camino no ha sido fácil, menos con cinco hijos al hombro, trabajaba mucho para darnos lo que necesitábamos, mientras no estaba en la casa mis hermanos mayores, William, Nicolas y Yesenia ayudaban a mi mamá a hacer los oficios y nos cuidaban, mi hermano menor y yo, que sé yo, de seguro estábamos jugando. Siempre llegaba cansada y muy tarde a casa, a veces llegaba de muy mal genio y ni siquiera quería hablar, yo la entendía, claro que la entendía, muchas veces trabajaba más de 11 horas en una flora, al rayo del sol y todo el día parada, por eso cuando llegaba a casa le hacía un masaje en los pies (aunque no supiera hacerlo) siempre he pensado que mi madre es de esas mujeres que nada les queda grande, que todo lo pueden, que no se dan por vencidas, y es que ella nunca lo hizo, siempre luchó y sigue luchando por darnos lo mejor, a pesar de todo lo que ha sufrido, ella es maravillosa.

Nací y al poco tiempo mi madre volvió a quedar embarazada de Daniel, mi hermano menor, vivía en una finca, en una vereda de Anolaima con mi papá y mis hermanos incluyendo a Carlos y John mis hermanos por parte de papá, no pasó mucho tiempo para que se separaran, así que mi madre se fue a vivir al pueblo, recuerdo mucho que yo tendría eso de 4 años y vivíamos en arriendo dónde un señor que se apandillaba Camacho, mi papá iba cada que podía y siempre me llevaba un Bon Yurt y uvas pasas, me encantaban (aún le sigo diciendo que me compre Bon Yurt y las uvas ahora las detesto en cualquier presentación)... hacía mucho frío en las mañanas cuando me llevaba al jardín, donde ella también trabajaba, me gustaba ir a jugar, y por las tardes llegaba y veía los Simpson en un televisor a blanco y negro, me encantaba mucho dibujar y aprendí a leer muy rápido. Cuando cumplí 5 años entré a la escuela Simón Bolívar me sentía muy feliz y acepto que era bastante creída porque era la única entre todos mis compañeros que sabía leer, pero eso no bastó porque, ohh dios que vergüenza, perdí primero de primaria, había una niña que era más grande y  me rompía los cuadernos, o me los escondía, así que casi nunca presentaba tareas, la verdad no lo sé, pero supongo que esa fue la causa por la cual perdí el año, cuando por fin pasé a segundo conocí a la profesora Amanda, me encantaba la clase con ella, decía que éramos sus pollitos y a mí me decía cascarrabias, era normal que yo andara de mal genio, cuando pasé a 3 tenía clase con "cabeza de guatila" como le decíamos con mis amigas, en verdad me caía mal, él hacía burlas con mi apellido Pinto, me decía delante de todos que si le iba a pintar la casa o que cuando iba a pintarle el carro, yo sentía que me odiaba, en serio, tal vez quizás eso hizo que yo bajara mi rendimiento o pudo ser otra cosa, la verdad es que no me daban ganas de hacer nada, sentía que estaba triste y no entendía el porqué, el caso con todo esto es que perdí el año, pero es algo que quizás no me arrepiento, porque conocí personas bonitas que aún siguen en mi vida, por ejemplo, mi mejor amiga, Angie Ballen, cabe aclarar que en ese tiempo yo le caía mal y ella me parecía tonta, en realidad nos hicimos amigas tres años después, el resto del tiempo me la pasaba con Jadzury a veces con mi hermano menor que me alcanzó y quedó en el mismo curso que yo, o con Natalia, con ella  ya nos conocíamos del jardín y nos volvimos a hablar porque éramos las mejores saltando laso, cuando terminé ese año me felicitaron por ser una de las mejores estudiantes, en las pruebas esas que le hacen o hacían, no sé, a los grados terceros, quintos y si no estoy mal novenos, yo fui la mejor de los terceros y hasta me dieron un regalo, también a mi hermano que quedó de segundas. Por esos días estaba en la casa de Josefina y Arístides, los papás de mi madre, mis amados abuelos, estaban mis primos y estábamos jugando cogidas, mi hermano me cogió pero me empujó a la vez y caí encima de una rama, que se me incrustó en la boca, adelante de los dientes, pero se enterró a tal punto que casi me llega al ojo, me llevaron al hospital y no paraba de sangrar, me remitieron al hospital de Faca y duré 8 días allá, estaba muy pequeña, pero recuerdo esos días con mucho dolor, me aplicaban inyecciones en las manos y la comida era horrible, mi mamá siempre estuvo muy pendiente de mí todo el tiempo, pero mi papá no fue a visitarme y casi no llamó, la razón, no la sé, mi madre tuvo que dejar hasta la cédula para pagar todo lo del hospital, me recuperé y seguí como si nada, claro, con la ayuda de la mujer que más amo. Pasados dos años ya estaba en quinto, éramos los más grandes de la escuela, ya casi a bachillerato, en ese año entre a la banda de la escuela y tocaba el redoblante, en verdad me gustaba, y era feliz en los ensayos, fue un año lindo para una niña de 12 años.
"Siempre serás nuestro nené"
Esta es una historia que, aunque ocurrió cuando tenía alrededor de 8 años, es algo que prefiero sea un "capitulo" a parte por así decirlo. Siempre que mi tío iba a Anolaima, nos invitaba a la finca, era una finca humilde, pero muy bonita, tenía un lago y muchos árboles de mango, siempre nos subíamos, o nos íbamos a conocer la finca, casi siempre con Cristian, mi primo favorito, jugábamos con mis hermanos y llevábamos muchos mangos para comer con sal y limón, eran esos días que uno sabe que no volverá a vivir, cuando mi tío se iba a Bogotá con Cristian, yo solo esperaba ansiosa el otro fin de semana para volver a jugar con él, siempre que íbamos a la finca bajábamos a pie, era muy lejos del pueblo pero yo me aguantaba porque me gustaba mucho estar allá. Estábamos corriendo, nos subíamos a los árboles tratando de conseguir aunque fuera un mango, ya que la temporada pasó y estaban muy escasos, mientras mis hermanos y mi primo Cristian buscaban en el piso, yo me trepé al árbol más grande, (siempre he tenido ese gusto por abrazar y subirme a los árboles, siento una tranquilidad que nada más me da),  cuando bajé del árbol Cristian se dio cuenta que por fin había conseguido un mango, le dijo a mis hermanos y salieron corriendo detrás mío, yo corría, pero me alcanzaron, me estaba riendo mucho y todos mordieron el mango y se tiraron encima mío, me hacían cosquillas, sabían que no me iba a aguantar la risa, al rato nos llamaron a comer y nos devolvimos al pueblo, como de costumbre se fueron a Bogotá, fueron varios fines de semana que no íbamos a la finca, tengo entendido que estaban arreglando un problema legal de la finca. Un día estábamos en la casa, yo estaba haciendo una tarea con una enciclopedia que mi mamá nos regaló y estaba una amiga de ella en la casa, estaban hablando, yo seguí haciendo mi tarea en el cuarto, ahí estábamos todos, mamá recibió una llamada y salió del cuarto, duró como 20 minutos hablando por teléfono, cuando entró al cuarto estaba derrumbada, estaba llorando, yo quedé sin saber que hacer, no sabía que decir, nunca la había visto botar una lágrima, la amiga la abrazó y le dijo en tono preocupante que qué había pasado, se me aguaron los ojos de solo verla así, Liliana la amiga le dijo que qué había pasado, que se tranquilizara, mi mamá dijo "se murió Cristian" yo no pude contener las lágrimas y no lo podía creer, le dije qué no podía ser, qué cómo había pasado, mi mamá no podía ni hablar, me dolía mucho lo de Cristian, fue algo que me afectó mucho en su momento y sentía mucha impotencia al ver a mi mamá así, ella que siempre ha sido tan fuerte, cómo podía reaccionar una niña a eso, mi mamá se calmó un poco, y su amiga se fue, yo estaba llorando recostada en sus piernas, le pregunté que como había sido, respiró fuerte y me dijo que mi tío la llamó y le dijo "se me jodió mi chino" y estaba llorando, mi madre angustiada le preguntó que si estaba bien, ella pensó que quizás se había partido un brazo o algo así, jamás se imaginó que mi tío le respondería llorando "se me ahorcó" yo quedé aún más impactada, Cristian era solo un niño, por qué tenía que morir de una forma tan cruel, él solo estaba jugando, mi tío estaba construyendo una parte de la casa, ese día estaba trabajando y Cristian quedó con mis primas, tenían música a todo volumen, estaban arreglando la casa, Cristian salió donde estaban construyendo y había uno de esos lazos donde se sostienen cuando están muy arriba, estaba algo alto, pero él lo vio como un columpio, donde podía jugar, estaba balanceándose y se resbaló, el lazo dio vueltas en el cuello, de seguro el trató de pedir ayuda, pero la música estaba muy alta, mi prima lo encontró y lo llevo al hospital de inmediato, pero ya era muy tarde, no pudieron hacer nada por él, Cristian era el niño, mi tío tenía tres hijas y después estaba él, mi primo andaba siempre con mi tío, yo no pude ir al entierro, le rogué a mi mamá que me llevara, pero no tenía más dinero y mi mamá decía que no quería que lo viera así, yo duré muchos días llorando, fue algo que en realidad afectó de sobremanera a toda la familia, yo estaba muy pequeña, pero hoy, tantos años después es algo que aún me duele, o no sé si sea dolor, pero pienso mucho en Cristian, en cómo sería si estuviera con nosotros, creo que lo que también me marcó mucho es el hecho de haber visto a mi madre por primera vez llorando, y verla tan decaída, yo sé que al despedirnos ese último día que nos vimos, seguro dijimos como, nos vemos pronto o algo así, pero lo último que recuerdo que me dijo Cristian es "Katherin tiene el mango" meses después mi tío le dio una foto a mi madre donde estaba mi primo con alas de ángel, con una frase que decía "siempre serás nuestro nené"
Recuerdo que me llevaba de la mano, yo estaba muy cansada y estaba haciendo mucho sol, subíamos a Monserrate a pie, yo estaba realmente cansada, pero no quería que él se diera cuenta, aunque sé que lo notaba, el sol estaba muy fuerte, me desespera el clima, además tengo una piel demasiado sensible; cuando llegamos por fin a la fuente de Monserrate, me senté, él me abrazó y me dijo "estás toda rojita mi princesa" yo solo le sonreí, él era alguien muy importante en mi vida, lo amaba sabiendo que él también lo hacía, mi padre me amaba; por ese tiempo no lo veía muy seguido, con suerte una vez al año, alguna vez pasaron 3 años sin verlo, él se había ido de Anolaima a trabajar en alguna ciudad, yo siempre guardaba monedas para llamarlo y le preguntaba que cuando iba a visitarme, pero verlo a él era complicado, porque la relación con mi madre no era muy buena. A esa edad sentía que tenía tiempo de hacer de todo, era muy activa, estaba en el grupo de danza del pueblo, en la banda marcial, en sinfónica, voleibol, baloncesto y de vez en cuando futbol, esos tiempos donde disfrutaba todas esas cosas, nunca me preocupé por tener un celular, no me hacía falta, ni siquiera tenía redes sociales, solo disfrutaba, me encantaba estar en tantas actividades, a veces no me gustaba estar en la casa, porque no me gustaba el ambiente que en días se tornaba molesto, me refiero a que habían peleas, muchas peleas que casi siempre se formaban por cosas estúpidas, pero en esa época mi mamá estaba en una relación, le sentaba bien esa sonrisa que a veces le podía provocar ese hombre, él siempre fue muy amable con nosotros, a mí me decía, mi sapita, cosa que a mi padre le molestaba desaforadamente, pero a mí me caía bien, importaba que mi madre fuera feliz, y creo que las cosas fueron bien, al menos durante unos dos años, si mal no recuerdo, pero esa historia terminó y mi mamá no mostró debilidad, ella siempre ha sido tan fuerte, en verdad la admiro.
 Tocar la lira, me encantaba, solo cambié de instrumento para experimentar, pero me enamoré, era como si tocando desahogara mis miedos, las canciones que eran demasiado rápidas, las sentía como un reto, cuando estaba en séptimo, la banda del colegio pasaba por un muy buen momento, ensayábamos muy duro porque íbamos a encuentros y concursos, casualmente en un ensayo, duramos todo el día, eran las 7 de la noche y estábamos en el polideportivo del Olga Santamaría, el instituto donde estudiaba, habíamos ensayado tanto que me temblaban las manos y me dio migraña, meses atrás había empezado a sufrirla, por poco mi lira cae al suelo, y con la mano que tocaba a duras penas podía moverla, así que solo marchaba, todos eran muy entregados a la banda y yo no iba a abandonar el ensayo, creo que si hubiésemos durado unos minutos más no podría más con el peso de la lira, ser integrante de ese grupo era muy maravilloso, se sentía una magia, un compromiso y un amor por lo que hacíamos, por esa música que tocamos, esa emoción al saber que tendríamos una presentación, algo como eso no lo he vuelto a sentir, todo era perfecto, a pesar de las peleas con mi madre en la casa, igual no era cosa de todos los días y como de costumbre le hacía un masaje en los pies cuando llegaba de trabajar y me gustaba dormir con ella, sentía que estaba tan completa, que a pesar de no tener los mayores lujos tenía a mi familia, a mi madre a mi lado y por supuesto a mis perritas, muñeca y Kanys, yo he amado a esas dos perras más de lo que he podido llegar a querer a alguien, las amaba, dormían siempre conmigo y con mi hermana o a veces solo se quedaban en el patio, muñeca era demasiado consentida, pero le ladraba a la gente que supongo no le caía bien, un día que llegué del colegio mi mamá estaba angustiada, porque un señor envenenó a las perras, hicimos todo lo que pudimos para tratar salvarlas, pero no se pudo, muñeca de murió en mis brazos, mi mamá me dejó sola llorando, sabía que necesitaba tal vez despedirme de ellas, después me abrazó y me dijo que todo iba a estar bien, que el desgraciado ese iba a pagar, que se había de morir envenenado donde nadie lo encontrara, lloré toda la noche, lloraba casi siempre que llegaba del colegio y ellas no estaban.
Mi mamá dice que yo saqué los genes de mi papá, dice que soy terca, que no me puedo estar sería y para rematar, parezco una copia de mi padre, aunque con los labios de mamá y la nariz no tan grande como la de él, bueno también con el cabello muy largo, yo era de esas niñas que molestaba en el salón de clase, la que llegó a hacer llorar profesores, pero en el grupo de mis amigas, la que siempre entregaba trabajos y la de las notas más altas, cuando estaba en octavo cumplía 15 años, yo soy menor que Natalia, mi amiga, cuando ella cumplió 15 mi madre no me dejó ir a la fiesta, pero yo me escapé, no podía fallarle, ese día bailé toda la noche con Esteban, el hermano de Natalia, no me dejó bailar con nadie más y me molestó toda la noche, mi mamá me llamó, pero no me regañó, casi no me permitía salir, pensé que me iba a pegar, pero cuando llegué me preguntó que cómo me había ido, a los dos días Esteban empezó a escribirme por Facebook y ahí empezó todo ese revuelto de sensaciones, sentimientos, yo me enamoré de Esteban, o eso pensaba, la verdad ahora no sé si fue un capricho que me duró casi 4 años, él y yo duramos como 6 meses de novios bien, cuando descubrí que tenía otra novia, yo recién cumplía 15, él tenía 20, sentía que lo amaba, que daba la vida por él, que le dedicaba cada suspiro que daba, era algo que se sentía realmente hermoso, cuando descubrí que tenía otra persona decidí apartarme, duramos 2 meses sin hablarnos después empezó a buscarme, yo me sentía destrozada, sentía que nada valía la pena, que nunca volvería a sentir lo mismo, me buscó durante 3 meses, todos los días me escribía, que lo perdonara, que nos viéramos, hasta que logró que volviéramos, pero mi condición fue que si me volvía a fallar, yo haría de cuenta que nunca existió en mi vida, quise amarlo como a nadie, volver a confiar, pero como era de esperarse, volvió a ocurrir, no volví con él, efectivamente, pero como dolía su ausencia, yo reprimía mi dolor cuando evitaba llorar, yo decía que él no merecía mis lágrimas y aunque las ansias de llorar llegaban, no lo hacía, fueron pocas las ocasiones en que lo lloré, en que sufrí sin que nadie supiera, en eso me parezco a mi mamá, o tal vez no, tal vez mi madre si sea fuerte, yo solo me hacía la fuerte, como si nada me importara; estudiando me distraía pero a veces decaía, siempre me volvía a buscar y aunque tenía claro que no volvería con él, temblaba con solo ver un mensaje de él, es una sensación muy extraña, entre valentía y estupidez, y también una tristeza que me pesaba, porque lo extrañaba, pero nunca me faltó Angie, mi mejor amiga, mi hermana, siempre iba a mi casa y preparábamos comida, bueno, en realidad yo, a ella le encantaba que le cocinara, y aunque no soy fan de la cocina, era algo que me gustaba, porque me agradaba verla tan feliz. Cuando llegué a noveno empezó una etapa muy difícil o tal vez sufrida para mí, mi hermana Yesenia se fue de la casa, unos meses antes, fue la segunda vez que vi a mamá llorar y de nuevo no supe que hacer, nadie lo sabe, pero yo también lloré cuando se fue, mis hermanos mayores también se habían marchado, pero iban seguido a la casa, la diferencia radica en que Yesenia se escapó, sin terminar el colegio y con el novio, mi hermano menor prácticamente vivía con mis abuelos para estar pendientes de ellos, así que en la casa solo quedábamos mamá y yo, esos primeros días sin Yesenia fueron muy extraños, casi no se hablaba, yo trataba de estar pendiente de si mi madre quería algo, a veces me llamaba y no me decía Katherin sino Yesenia, y a ella le daba rabia, empezamos a pelear mucho por todo, incluso me decía que me fuera de la casa, casi todos los días me pegaba eso y la tusa tan berraca que tenía por Esteban, hacían que me sintiera como un estorbo, cuando entré a décimo, las cosas empeoraron, las peleas aumentaron, mi mamá no me quería ni ver y mi nivel académico bajo demasiado, a tal punto que casi no paso a décimo, y por poco pierdo décimo, a mitad de año jugando baloncesto me partí un pie, a mí que me gustaba mantenerme tan activa, la peor noticia que me pudieron dar fue que tenían que ponerme un yeso, yo me negaba, incluso intenté caminar, pero no pude fueron los peores días, me sentía inútil, lo único bueno es que casi no discutí con mamá, cuando me quitaron el yeso, a duras penas podía caminar, no volví a entrenar futbol, que era mi fuerte en ese entonces, tuve que ir a presentar trabajos de los días de incapacidad, y me cambiaron de curso, las peleas con mi mamá volvieron, me decía que me fuera de la casa, que no le jodiera la vida, me pegaba, yo empecé a dejar de comer, también iba al gimnasio, me empezaron a dar mareos, empecé a vomitar, no hablaba, las cosas en mi casa eran cosa seria, me estaba dejando afectar demasiado por eso, a tal punto que de no comer, empecé a vomitar, me bajaba de peso muy rápido, me dio gastritis y permanecía muy pálida, yo tenía clase de 7 am a 4 pm, cuando entré a clase de dos, estaba muy pálida, no había comido nada en todo el día y me paré al puesto de un amigo, me dijo "parce está muy pálida" ni si quiera pude responderle, porque me desmayé, caí al piso y me  pegué en la cabeza contra la pared, yo recuerdo desde que ya iba en una camilla para enfermería y mis amigos me decían que tenía que comer, Tatán, como le digo de cariño a Sebastián Castro, estaba muy preocupado, me decía que si estaba bien, que me despertara, me llevaron al hospital y me dijeron que tenía gastritis, todo mi salón estaba encima mío, la profe Judith les contó que yo había estado a punto de ser hospitalizada por gastritis crónica, que me cuidaran, me prohibieron hacer ejercicio, comer chicle y tomar coca cola, que era lo único que me "alimentaba en todo el día" Judith junto con Carolina, me hacían comer, estaban pendientes de mi almuerzo, y prácticamente de mí, yo me la pasaba llorando, tenía el autoestima por el piso y me odiaba, me daban muchos mareos por mi mala alimentación, mi tusa por Esteban pasó a un segundo plano, lo que en verdad me dolía era la situación con mi mamá, yo prefería no estar en la casa, y me estaba en la casa de la profe Carolina, ella me daba clase de español, más que una docente cualquiera, se convirtió en un apoyo, en una amiga para mí.  Cuando pasé a once las cosas mejoraron un poco, no en mi casa, pero por lo menos ya comía, aunque ya no practicaba ningún deporte, solo me dediqué a estar juiciosa en el colegio y aunque las peleas con mi mamá no paraban, me ayudó mucho todo el apoyo de Carolina, siempre hablo de ella como si fuera mi segunda madre, ella es un ángel, que después de todo siempre ha estado ahí para mí, aconsejándome y ayudándome a levantar, es una de las personas que más admiro y que más amo, personas como ella no se encuentran fácilmente y le agradezco a la vida, porque me ayudó a salir de ese hueco en el que estaba metida, las cosas iban bien, ya hablaba, ya comía, ya me reía, ya no me importaba Esteban. En ese año me enteré que el hombre que envenenó a mis perritas se tomó un veneno u lo encontraron cerca de un río; era 2017 y ya era octubre, ya iba a cumplir 18 años, el 14 de octubre, me hicieron una fiesta sorpresa mis amigos y Carolina, ya las cosas iban bien, respiraba buenos aires por esos días, aunque no estaba él, (ese "él" no, para nada es Esteban)
Conocí a alguien más, mi desequilibrio de emociones, primero se convirtió en mi mejor amigo, la pasaba muy bien con él, y le tenía mucha confianza, él era mucho mayor que yo y tal vez un día solo hubo un bum que explotó en él y me confesó que me quería y yo a él, estaba sintiendo cosas que antes no había sentido, me desequilibró totalmente y nadie se podía enterar, la diferencia de edad, causaría muchos problemas, pero esa es una historia que prefiero contar después, tal vez porque algo de ese sentimiento tan bonito sigue vivo, aunque ya no exista nada.
Cuando me gradué mi padre no pudo asistir, mi mamá estaba allá, con mi hermano Nicolas y con Angie, fue un día muy hermoso, después de eso, me enteré que no había pasado a la UIS, así que todos mis planes cambiaron, ya no sabía dónde iba a estudiar ni que iba a hacer, mi mamá empezó a decirme que consiguiera trabajo, que no hacía nada, las peleas no paraban, un día con ayuda de Carolina encontré trabajo en un éxito, sin pensarlo empaqué todo y con solo 50mil llegué a Bogotá, ahí mi mamá me dijo que lo pensara, que como me iba a ir así, pero yo no tenía nada que pensar, yo sentía que detestaba Anolaima y que me tenía que ir, empecé a trabajar, pagaba arriendo, transportes, todo me pagaba, sobrevivía con un sueldo de 500mil mensuales, aguanté hambre, a veces frío, pero no me importaba porque lo estaba haciendo por estudiar, con lo poquito que me queda de mi sueldo, compraba ropa, casi siempre de color negra o gris, también libros, tenía mi libro favorito en pfd y nunca me alcanzaba para comprar original, el amor en los tiempos del cólera, ahorré para pagar la matricula, me presenté a la Distrital y acá estoy, escribiendo esto, tuve que renunciar y mi padre me empezó a ayudar, la relación con mi madre mejoró notablemente, hoy nos damos mucho amor y se convirtió en una amiga, me apoya mucho, sabía que necesitaba que nos alejáramos y las cosas mejorarían, efectivamente fue así, ya llevo un año estudiando, tratando de sobrevivir y viviendo un poco mejor que antes y no me refiero a lujos, me refiero a la tranquilidad. Hay mucho que contar, pero lo dejo acá porque van a ser las 2 de la mañana y tengo clase de 6, acá debería decir fin, pero...Sigo viviendo.

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